Una línea finita en la que nos desplazamos a una velocidad imprevista y que culmina en un incierto paraje. Sí, eso es el tiempo. Un sendero que nos acerca cada segundo más al final.
Pero, a pesar de conocer esta realidad, resulta difícil asimilar cuando alguien termina su línea y debe cruzar.
Así me ocurre ahora.
Yo te conocí durante siete años. No fuimos cercanas desde el principio, pero siempre vi mas allá que los demás. No me reía de tu sensibilidad o de tu manera de hablar. Jamás he sido así, y por eso tú viste en mí a alguien en quien confiar.
Yo no tenía más de quince años, tú probablemente más de cincuenta, pero la amistad no tiene edad. A pesar de ser una adolescente escuchaba tus problemas e intentaba darte ánimo cuando el mundo se mostraba en tu contra y tus ojos se convertían en cristales a punto de romperse.
Hace algunos años te enfermaste y te escribí una carta para desearte una pronta recuperación. Y así fue. Saliste adelante y regresaste con nuevas energías, con una sonrisa que en ciertas clases se solía opacar.
En ocasiones tus alumnos no te tomaban en serio, "normal", adolescentes que se creen dueños del mundo; y tú, un corazón sensible que no sabía tolerar las inmadureces propias de esa edad.
Recuerdo el día en el que ellos salieron del aula y yo regresé a hablar contigo. Tu mirada estallaba en rabia y las lágrimas rodaban por tus mejillas. Te abracé. Sí, probablemente mis compañeros habrán pensado que era una "lambona", pero tú y yo sabíamos que no era así. Quería reconfortarte y que te desahogaras conmigo. Eso hiciste.
Yo te agradecía por haberme estimulado a sentir cariño hacia una materia que antes no me gustaba. Eras mi maestra y mi amiga. Siempre lo serás. Y así pasaron los años.
Antes de graduarme quise mostrarte mi gratitud y te compré unas rosas para otra Rosa. Sonreíste y las recibiste con esa calidez que evidenciabas en los momentos de emoción. Te adjunté una carta y no la leíste frente a mí, pero la agradeciste con una mirada que no olvidaré.
El día de mi graduación, ese día en el que alcanzaba las metas de las que fuiste testigo, me regalaste dos libros. Los envolviste en una caja que habías hecho con tus propias manos, con esa creatividad que te caracterizaba...
Un libro sobre valores y un libro de matemáticas.
Curiosamente creo que esa fue la última vez que te vi. En las ocasiones que regresé al colegio no nos pudimos ver nuevamente. Yo quería comentarte sobre esta nueva etapa de mi vida: la universidad.
Supongo que ahora te la puedo contar porque estás allá y en todas partes.
Muchas veces me dijiste que no dejarías nada en este mundo el día en que partieras, y siempre te debatí afirmándote que no sería así, que contabas con el amor de muchos seres y en la mente de ellos vivirías para siempre.
Ahora que llegó ese día, seguramente puedes percibir el cariño inmenso que alberga mi corazón hacia ti. Nunca olvidaré a mi profesora, a aquella persona que con alegría despejaba mis dudas y que me deseó los mayores éxitos en mi vida.
Todo lo que consiga será también un poco tuyo. Cada persona que ha dejado una huella en mí, me ha permitido crecer y ser cada día mejor. Gracias por eso Rosita, gracias por haber cruzado nuestras líneas finitas para permitirnos sentir un cariño y respeto eterno. Eso dejas en este mundo mi estimada maestra. Un cariño que no se apaga, que no se marchita y un recuerdo que siempre mantendré vivo, que no dejaré nublar.
El fin de esta historia no es tu partida. La línea finita no acabó tu vida, solo la cambió de plano. Algún día nos encontraremos. Sí, algún día volveremos a reír, a abrazarnos, a contarnos anécdotas... en fin.
Con una profunda tristeza porque sé que partiste, te digo GRACIAS, gracias por haber sido mi maestra, gracias por tus palabras, por tu confianza, por tu amistad...
Nos veremos nuevamente. La temporalidad es propia de la tierra, de este purgatorio... Allá donde estás, el tiempo es solo una quimera. La línea es infinita y el reencuentro, eterno.
Vuela alto dulce Rosita, vuela lejos, vuela llevando tus conocimientos a otros lares y compartiendo tu amor a otros seres... Buen viaje, querida maestra! Hasta pronto!