domingo, 29 de agosto de 2010

Para ti

La noche del 21 de septiembre de 2006 sentí la necesidad de escribirte estas líneas...

Adiós!!! Ni siquiera pensé que me iba a doler de la forma en que me duele! Siento que pude haber hecho mas por ti y que no lo hice... No sé si es que ahora creo q eras una persona diferente a la que yo antes creia que eras.. Lo cierto es que te extraño y ahora no puedo retroceder el tiempo para decírtelo. 

Ni siquiera sé exactamente qué es lo que extraño de ti, porque aunque te dije adiós hace poco, creo que el verdadero adiós fue hace mucho tiempo... Solo sé que deseo que hubieras sido diferente y que yo también hubiese sido diferente... 
Los años enseñan bastante, yo aprendí, pero a ti se te acabó el tiempo. Espero que estés bien y que también me extrañes. Por ahora te digo adiós, pero un día te tocará decirme: Bienvenida a casa! Espero, aunque te extraño, que aquel día esté muy lejano... Hasta entonces: Que descanses en paz!!! Te quiero muchísimo!



domingo, 22 de agosto de 2010

La Honestidad…Pasada de moda?

Este texto lo escribí cuando estaba en el colegio. 



En las sociedades actuales, desde muy jóvenes, nos damos cuenta de la corrupción, de la injusticia, del poder del dinero y del poco amor hacia las personas; del gran amor por las cosas materiales. Así es nuestro mundo, un mundo lleno de guerras, de violencia y de conflictos… ése es nuestro planeta, y es nuestro hogar que será el de nuestros hijos, nietos, y generaciones futuras.

Las naciones poderosas se preocupan por fomentar riquezas materiales, por obtener su propio beneficio aunque por ello destruyan a otros países y al planeta, sólo piensan en conseguir más y más, sin medir las consecuencias. Eso es lo que enseñan a la juventud, el pensar sólo en el dinero y en la forma más fácil de conseguirlo, el robarle a quien casi no tiene con tal de conseguir más, te enseñan que la honestidad no sirve, que ahora vales por lo que tienes no por lo que eres, no por lo que creas, ya no importa si eres honesto, hasta es conveniente que no lo seas… Es lamentable esta situación, ver que la juventud se está educando sin valores, pero en realidad no es culpa de los jóvenes, basta con solo mirar el ejemplo que les dan de robo, corrupción, etc. Es fácil luego decir que la juventud está descarriada, pero ¿Por qué está así? ó dicho de otra forma, ¿Quiénes son los responsables de esa situación?

La respuesta es clara, aunque no la quieran ver, los responsables son las personas que aceptan la corrupción y no hacen nada para detenerla, las personas que buscan riquezas materiales y no las espirituales, los que buscan la guerra en vez de la paz, aquellos que se creen muy sabios asegurando que en este mundo ser honesto no sirve, que ya es algo pasado de moda, que lo que vale es conseguir lo que se desea, no importa cómo ni a quién dañes con tal de que lo consigas.

Esta realidad la podemos cambiar, porque hubo un tiempo en el que las personas valían por lo que eran, por su integridad moral, por su HONESTIDAD, las familias luchaban por inculcar principios y valores a los más pequeños, les enseñaban a ser siempre honestos, a nunca mentir, a no engañar ni calumniar. A pesar de que ese pensamiento se empleaba hace ya algún tiempo, no veo el motivo para que no se emplee ahora.

Probablemente muchos piensen que esto es una locura y que sólo vale quien tiene dinero y poder, pero eso no es verdad, ya que en realidad todo lo malo que has hecho estará contigo hasta el día de tu muerte, y después de ella. Todo el dinero y poder será solo basura de la cual ya no podrás disfrutar, porque no hay nada más grande en la vida que la riqueza del alma, el obrar de manera correcta, el saber que todo lo que conseguiste y le diste a tus hijos, no se lo quitaste a nadie, el poder decir antes de morir: “He obrado correctamente, he sido un buen ejemplo para los míos. Puedo irme tranquilo de que lo mucho o lo poco que tuve, lo conseguí con el sudor de mi frente, luchando contra los que creían que no se puede ser honesto, sintiéndome más grande no por lo que tengo sino por lo que soy… porque eso lo  seré siempre, el dinero se puede esfumar, pero lo que queda es lo que eres, eso nadie te lo puede quitar… ni siquiera la muerte”.

La honestidad es un valor que debemos cultivar, como tantos otros. Aprendamos a amarnos, a respetarnos, a luchar por lo que queremos pero sin herir a nadie. Estoy segura de que algún día ya habremos marcado una gran diferencia, y dejaremos un mundo mejor a todas las generaciones futuras; aquel mundo que tú cambiaste para bien y que ahora es el hogar de millones de personas con valores y principios que luchaste por seguir e inculcar, un mundo mejor al que encontraste, un mundo con más amor, justicia, y quizás, un mundo lleno de paz…!!!

Roxana Toral Reyes
5to FIMA
Liceo Italiano

lunes, 16 de agosto de 2010

La Perla del Pacífico desde el Santa Ana


Los últimos rayos del sol golpean con fuerza a este histórico lugar guayaquileño. Los ojos de Mauricio Calderón se arrugan por la presencia del astro que evidencia su vigor, a pesar de encontrarse a pocos minutos del ocaso. Desde lo alto del Cerro Santa Ana los recuerdos de los antepasados regresan a su mente ante mi pregunta sobre cuánto tiempo ha vivido aquí. Suspira y menciona que sus 52 años de vida los ha pasado en el cerro. “Cien por ciento guayaco”, agrega sonriendo. Y es que su abuelo, el marino Vicente Malavé, fue guardián de El Fortín, localizado en la punta del cerro, a principios de 1900. En aquel lugar se defendió a la ciudad de los constantes ataques piratas de los que fue víctima, siglos atrás; y ahora, en este sábado 17 de octubre del 2008, Calderón y yo conversamos amenamente ahí, donde se encuentran también una capilla y un faro.  

Desde allí observamos a varios turistas que contemplan a la Perla del Pacífico, con las cámaras guindando del cuello y sus miradas de asombro que revelan su condición de foráneos. Unos escalones más abajo, Joanne Cliff, de 55 años, agarra inmediatamente su cámara cuando advierte una cruz que indica que Guayaquil fue fundada allí en 1547. El destello del flash congela aquella imagen. “Muy bonito” destaca con su marcado acento anglosajón, mientras continúa subiendo los 444 peldaños que la llevarán a la cima, pasando en el trayecto por tiendas de artesanías, bares, restaurantes y galerías.

A medida que se aproxima a la meta, Guayaquil se entrega a su observador y cuando éste arriba al faro, construido en el 2002, obtiene una visión de 360 grados de la capital económica del Ecuador. La isla Santay, Durán, el cerro del Carmen, las aguas del imponente río Guayas y las miles de casas y edificios que se alzan en la metrópoli se pueden apreciar con facilidad desde ese sitio. Los flashes aparecen nuevamente. Cliff quiere congelarlo todo. Así también, Calderón hubiera querido congelar en el tiempo algunos aspectos del Guayaquil antiguo, que ahora solo permanecen como recuerdos.

Uno de esos aspectos es el económico. “Con un sucre podías hacer maravillas. Yo fui guardián de seguridad, albañil, comerciante… hice de todo y les di buena leche a mis siete hijos. En cambio, desde la dolarización no alcanza para nada, todo está caro”, indica al observar a Ángel, su hijo, que vende fotografías de Guayaquil antes y después de los procesos de regeneración del Municipio, en el escalón 400. “La venta no le produce lo suficiente. A veces $7 diarios. Con eso él no puede hacer mucho para mantener a sus tres hijos”, agrega.

Por los años 70 se dirigía al malecón a pescar y ésa era otra fuente de ingreso económico que ya no es permitida. Asimismo extraña la tranquilidad de una urbe que no tenía problemas de tráfico y en la que no se presentaban casos de secuestro y sicariato con la frecuencia de ahora. 

Pero no todo es negativo. El cerro ya no tiene aquel aspecto deteriorado y de abandono que complementaba muy bien su fama de peligroso e inseguro. Calderón reconoce que la inseguridad era muy grave y que por eso los taxistas rara vez aceptaban carreras hacia ese lugar. Jamás se hubiera imaginado que estarían los turistas caminando ahí con tanta tranquilidad como lo hacen hoy.

 “Aquí si se subía no se bajaba. Mataban a las personas y luego las dejaban botadas por donde ahora es el faro. Con la regeneración se volvió un sitio seguro que atrae al turismo” indica Jorge Pino, guardián del sector. Para él, Guayaquil se embelleció desde el 2000 gracias a las obras del Municipio, transformándose en un destino turístico. “Así como cambió el cerro, cambió la ciudad. Antes era fea; ahora es linda” sostiene evidentemente orgulloso de aquella transformación.

Y ese cambio se lo puede apreciar en una valla gigante, ubicada entre el faro y la capilla. La imagen a blanco y negro de la ciudad en 1880 contrasta con el fondo de una Guayaquil viva, actual, con luces que se encienden y titilan a lo lejos. No hay edificios ni colores en aquella imagen, solo varios barcos en el agua, un malecón abandonado, casas e iglesias; ahora, casi no se ven embarcaciones deslizándose en el río, hay cientos de locales en el malecón, los edificios del centro se levantan impetuosos y debido a su acelerado crecimiento, con casi tres millones de habitantes, se torna difícil poder divisar el horizonte.

Con la caída de la noche, el viento cada vez más frío agita mi cabello, mientras Calderón se despide para dirigirse a su hogar a cuidar de sus nietos. Lo observo alejarse, hasta perderse entre las decenas de visitantes. Yo permanezco allí, mirando a la ciudad donde nací, viendo en aquella valla al Guayaquil que no conocí y que no conoceré jamás. El de los pasillos, el del cacao, el de las serenatas… Yo conozco al moderno, cosmopolita, de vida nocturna, que baila reggaetón y que tiene múltiples sitios turísticos para recorrer.

Definitivamente la ciudad de hoy no es igual a la de ayer, porque el tiempo transcurre y todo transforma. Ahora luces, luces y más luces reemplazan a los rayos del sol que ya se ocultó, mientras que la imagen de la valla continúa igual: paralizada, inmortalizada, congelada en un tiempo que no volverá…