Qué difícil es decidir con cabeza fría. A veces las emociones ayudan a que uno tenga más determinación, pero precisamente la falta de estas hace que se pierda la fuerza para escoger una opción.
Sé que lo que decida va a causar dolor, a causarnos tristeza, pero ya no veo otra salida a este nexo que en algún momento pareció ser inquebrantable.
No me siento igual, es un hecho. Un error hace unos meses sé que fue el detonante de este momento, aunque su causante no lo quiera aceptar y quizás no lo acepte nunca. Es difícil de todas formas saber que lo que pueda decir o hacer le provocará tristeza. Pese a todo no concibo hacerlo sufrir. Aún tengo muchos sentimientos por la persona con la que compartí varios años, pero creo que necesito distancia para descifrar esto.
No sé si después de decidir algo haya la posibilidad de retomar quizás con más brío lo que hoy está apagado. Por eso considero que lo mejor es alejarse unos metros y así visualizar la situación desde afuera. Espero que coincida conmigo en eso.
Siempre trato de tener vida bajo control, pero la parte sentimental en este momento me agobia. Intento no dejarme dominar por la incertidumbre y los malos recuerdos mas no lo consigo… Como dije en un post anterior, todavía estoy tratando de levantar el vuelo. Sigo intentando.
martes, 31 de diciembre de 2013
sábado, 28 de diciembre de 2013
Mi balance del 2013
Nuestras vidas se dividen en años… Años a los que calificamos de 'buenos', 'malos', 'tristes', 'exitosos', etc. Este 2013 no creo que encaje en alguna de esas definiciones porque estuvo constituido por varios momentos que abarcan en realidad todas las expresiones anteriormente mencionadas.
En el plano laboral no sufrí mayores cambios. El aprendizaje de cada día se mantuvo y sin duda viví más experiencias que me han permitido crecer como periodista y estar cada vez más cerca de alcanzar mis metas.
Sin embargo, el aspecto sentimental estuvo lleno de altibajos que me llevaron de la felicidad a las lágrimas y viceversa. Recibí el golpe más duro en el ámbito amoroso y de las cenizas traté de resucitar, como aquella tan sonada figura del ave fénix.
Aún estoy en ese proceso de retomar el vuelo. No ha sido fácil. Sobrellevar ese tipo de situaciones y tratar de salir invicta es misión imposible. Obviamente no lo conseguí. Algo en mí cambió profundamente y en ocasiones dudo que pueda ser nuevamente aquella persona que fui. Estoy todavía en ese momento de transición, tratando de esclarecer las dudas del corazón.
En la parte familiar algunos sucesos me hicieron aceptar las decisiones de unos, aunque no las compartiera. El amor, supongo, es así. No se trata de reprochar; hay que comprender y aceptar, en especial cuando son aspectos que no se pueden cambiar.
Siento que en general, como persona, he crecido muchísimo, viendo el mundo de una manera más clara, entendiendo que debo seguir luchando para conseguir mis objetivos y que siempre debo dar la mano a quienes amo. Sé que la vida es un aprendizaje constante y me entusiasma aprender las lecciones cada vez que se presentan, pese a que en ocasiones sean dolorosas.
¿La vida es compleja? Por supuesto, bastante. Pero aquí estoy, lista para otro año de adquirir conocimientos, levantarme y salir adelante. En todo sentido.
En el plano laboral no sufrí mayores cambios. El aprendizaje de cada día se mantuvo y sin duda viví más experiencias que me han permitido crecer como periodista y estar cada vez más cerca de alcanzar mis metas.
Sin embargo, el aspecto sentimental estuvo lleno de altibajos que me llevaron de la felicidad a las lágrimas y viceversa. Recibí el golpe más duro en el ámbito amoroso y de las cenizas traté de resucitar, como aquella tan sonada figura del ave fénix.
Aún estoy en ese proceso de retomar el vuelo. No ha sido fácil. Sobrellevar ese tipo de situaciones y tratar de salir invicta es misión imposible. Obviamente no lo conseguí. Algo en mí cambió profundamente y en ocasiones dudo que pueda ser nuevamente aquella persona que fui. Estoy todavía en ese momento de transición, tratando de esclarecer las dudas del corazón.
En la parte familiar algunos sucesos me hicieron aceptar las decisiones de unos, aunque no las compartiera. El amor, supongo, es así. No se trata de reprochar; hay que comprender y aceptar, en especial cuando son aspectos que no se pueden cambiar.
Siento que en general, como persona, he crecido muchísimo, viendo el mundo de una manera más clara, entendiendo que debo seguir luchando para conseguir mis objetivos y que siempre debo dar la mano a quienes amo. Sé que la vida es un aprendizaje constante y me entusiasma aprender las lecciones cada vez que se presentan, pese a que en ocasiones sean dolorosas.
¿La vida es compleja? Por supuesto, bastante. Pero aquí estoy, lista para otro año de adquirir conocimientos, levantarme y salir adelante. En todo sentido.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Con las alas rotas
Eran dos corazones que latían al unísono, pero la llegada de un ser sin luz trastocó aquel compás y arruinó la sinfonía.
Las notas que sonaban a la par se convirtieron en los destellos de un reloj de cuerda que ya no quiere dar la hora.
El ingreso de un ser sin luz fue permitido y dañó la armonía de aquel repique de tambor que se convertía en un motor de vida.
Las manecillas no se detuvieron, pese al profundo deterioro que el arribo de aquel ente significó. El tiempo siguió su curso y los dos corazones, uno que funcionaba a medias y el otro que se esforzaba por reparar el daño, buscaban recuperar el balance que equilibraba sus días.
Pero la herida fue mortal. La pérdida del compás afectó un órgano vital que no era el responsable de la llegaba de aquella sombra que envolvió con su oscuridad una historia de más de 24 meses.
Pese a eso, llegaron a los 36, en medio de la lucha constante por recuperar el flujo sanguíneo, por retomar el latido armonioso que había sido alterado.
Sin embargo, aquel corazón casi descompuesto finalmente pudo realizar una evaluación de su estado, descubriendo la amarga verdad del papel arrugado que es imposible volver a estirar.
Y se convirtió en una grieta por la que paulatinamente empezaron a descender otros sentimientos como la ilusión, la emoción, la alegría y ya no volvió a acelerar su pulso cuando se acercaba al que en algún momento fue su otra mitad.
Aquella alma desquebrajada se transformó en algo desconocido. Fue el resultado de las acciones de un corazón que no supo valorar la importancia de encontrar otro con el mismo compás, con las mismas ideas, con el mismo ímpetu.
El reloj sigue girando y aquella alma de corazón que funciona a la mitad, también tiene las alas rotas.
Perdió la credibilidad en el sentimiento que muchos aseguran es el motor de la vida. No hay respaldo teórico al respecto.
Con las grietas en su pecho trata de aprender cómo levantar nuevamente el vuelo… Difícil misión. Fue forzada a asumir un reto sin preparación. Deberá regirse por la intuición y quizás, algún día, si tiene suerte, podrá otra vez creer que existe otro latido de igual ritmo y sincronizar sus pasos. Por ahora aún está tratando de volar con las alas rotas.
Las notas que sonaban a la par se convirtieron en los destellos de un reloj de cuerda que ya no quiere dar la hora.
El ingreso de un ser sin luz fue permitido y dañó la armonía de aquel repique de tambor que se convertía en un motor de vida.
Las manecillas no se detuvieron, pese al profundo deterioro que el arribo de aquel ente significó. El tiempo siguió su curso y los dos corazones, uno que funcionaba a medias y el otro que se esforzaba por reparar el daño, buscaban recuperar el balance que equilibraba sus días.
Pero la herida fue mortal. La pérdida del compás afectó un órgano vital que no era el responsable de la llegaba de aquella sombra que envolvió con su oscuridad una historia de más de 24 meses.
Pese a eso, llegaron a los 36, en medio de la lucha constante por recuperar el flujo sanguíneo, por retomar el latido armonioso que había sido alterado.
Sin embargo, aquel corazón casi descompuesto finalmente pudo realizar una evaluación de su estado, descubriendo la amarga verdad del papel arrugado que es imposible volver a estirar.
Y se convirtió en una grieta por la que paulatinamente empezaron a descender otros sentimientos como la ilusión, la emoción, la alegría y ya no volvió a acelerar su pulso cuando se acercaba al que en algún momento fue su otra mitad.
Aquella alma desquebrajada se transformó en algo desconocido. Fue el resultado de las acciones de un corazón que no supo valorar la importancia de encontrar otro con el mismo compás, con las mismas ideas, con el mismo ímpetu.
El reloj sigue girando y aquella alma de corazón que funciona a la mitad, también tiene las alas rotas.
Perdió la credibilidad en el sentimiento que muchos aseguran es el motor de la vida. No hay respaldo teórico al respecto.
Con las grietas en su pecho trata de aprender cómo levantar nuevamente el vuelo… Difícil misión. Fue forzada a asumir un reto sin preparación. Deberá regirse por la intuición y quizás, algún día, si tiene suerte, podrá otra vez creer que existe otro latido de igual ritmo y sincronizar sus pasos. Por ahora aún está tratando de volar con las alas rotas.
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