domingo, 26 de diciembre de 2010
Un sueño
Mas tú estabas ahí. Te aproximaste para disminuir la carga que llevaba. Tu ternura y preocupación me conmovieron a tal punto que decidí confiar en ti. Aunque fuera la última vez. Aunque fuera solo en un sueño que no sería eterno.
Agarraste mi mano y me llevaste por senderos que no quería recorrer. Seguía con los ojos cerrados para no reflexionar sobre la realidad, para perderme en ese mundo de ilusiones en el que me gustaba vivir, aun cuando me traía tanta decepción y desdicha.
Pero tenía que enfrentar esa verdad. No podía continuar en ese ciclo de caídas y recaídas constantes, en el que la única persona que estaba condenada a perder repetidamente era yo. Me encontraba en un juego perfectamente planeado para que yo jamás fuera la ganadora. En medio de mi ceguera no podía ver las opciones. Me perdía en aquel círculo del que no conseguía salir.
Mas tú me ayudaste. Me obligaste a abrir los ojos, aunque no quería hacerlo. Me daba temor enfrentar la verdad de que lo que había vivido era solo un espejismo, algo que jamás existió. Aunque para mí fue muy real mi mundo de dos, cuando abrí los ojos pude ver que allí solo viví yo. No era de dos. Siempre fue de uno. De la perdedora.
Cuando al fin mis párpados se alzaron para dejar al desnudo mis pupilas, la luz que ingresó por mi retina me hirió. Estuve tanto tiempo en la oscuridad que ya me había acostumbrado a ella. Había olvidado que existen otras opciones, otros caminos... Y me empujaste a verlos. A descifrarlos. Y finalmente caí. Necesitaba caer para volver a sentir, para recordar que seguía viva, que debía levantarme y seguir.
Eso hice. El aprendizaje no concluyó allí. Empecé a caminar aunque al principio me tambaleaba y quería retornar a mi estado inicial, de ojos cerrados, mente cerrada, verdades rechazadas... Pero seguías ahí. Motivándome a avanzar. Y fue allí cuando vi en ti algo que no creí volver a ver. Algo que pensé jamás sentir y que lo reservo dentro de mí.
Ahora ya no soy aquel ser descolorido que destacaba por su rareza en un sueño multicolor. Me mimetizo con ese entorno maravilloso al que me transportas cuando aprietas mi mano, cuando invades mi sueños y me llevas junto a ti.
Y todavía sigo en esta noche. Sumergida en aquel sueño que pasó de gris a tornasol. Esta es la historia de una ficción. Una fantasía creada por mi corazón para regocijar mi alma... No existimos en el mundo. Solo vivimos en nuestros sueños. Es allí donde nuestras almas encuentran vida y amor. Solo un sueño de dos.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
En búsqueda de la muerte
lunes, 1 de noviembre de 2010
Vaso
Una hoja
Mas mi presente se ha convertido en un libro con conflictos inconclusos, lleno de raíces que lo anclan a un pasado que -creo- ya no existe más. No comprendo por qué no me quiebro en este momento en que siento que un final se aproxima. Quizás en esta historia yo seré aquel personaje antagónico que establece un vínculo con la soledad y que tiene un triste desenlace.
Será? Quisiera ser como una página que no tiene nada que contar, nada que ocultar, nada que olvidar y nada que perder. Mas estoy llena de tinta y con múltiples opciones que de una u otra forma traerán sufrimiento. No sé si optar por la soledad y que aquella se convierta en el camino para reordenar estas hojas que han perdido su rumbo, como un río que debe disminuir su fuerza para reencontrar su cauce.
Te busco y ya no estás. Te has desvanecido de mis sueños, perdiste tus alas de ángel y la luz que habías traído a mi vida se apagó. La apagaste (?) o quizás la apagamos. Solo ahora puedo notar que me estaba aferrando a un pasado que no se trasladó al presente, que me agarraba del espejismo producido por todo lo que alguna vez sentimos.
Pero carezco de valor para enfrentar la realidad, aunque en mi mente la conozca. Esta vez mi corazón interfiere con su testarudez característica, obligándome a permanecer en la mitad, entre un principio y un final. En ese paraje incierto que solo trae sufrimiento y dolor.
Nuevamente la soledad emerge como la única solución gratificante. Será? Sigo sin valor para tomar una decisión. No sé si estoy preparada para dejarme abrazar por la compañía de la soledad. Tengo el temor de que esto concluya mal. Siento que así será, aunque lucho por abrazar la remota esperanza que no sufriré, que todo saldrá bien y estaré feliz.
Quizás es el momento preciso para comprender que la felicidad es repentina, fugaz y escurridiza. Pero ya que importa... Ya he aprendido a levantarme más fuerte y eso haré. Siempre.
domingo, 17 de octubre de 2010
Más allá del esfuerzo
Con el uniforme y la mochila al hombro podría mimetizarse entre el alumnado, pero sus casi dos metros de alto lo hacen destacar. “Mi estatura y mi piel negra inspiran temor a veces”, confiesa entre risas mientras se aparta de la multitud para ir a su casa, localizada a tan solo unas cuadras de su centro de estudios.
Camina presurosamente. No tiene mucho tiempo para almorzar, porque el primer trabajo del día lo espera: lavar carros. Su madre Alexandra lo recibe con la comida lista. Nery besa su frente y mientras su progenitora coloca el plato en la pequeña mesa de plástico, él corre a buscar su guitarra para relajarse un rato. En el futuro se visualiza como un cantante reconocido, con una buena esposa y una casa.
Comienza a cantar en la sala aquella melodía que dedicó a su madre en un acto del colegio.“Y en este mundo solo hay una madre… en este mundo solo hay un ángel”, expresa en su canción. Alexandra sonríe y recuerda la primera vez que la escuchó. “Me hizo lloriquear”, agrega.
La relación entre los dos revela amor y respeto, pero no siempre fue así. Apenas un año atrás las discusiones eran constantes y Alexandra se desesperaba porque sentía que se le “escapaba de las manos”. La integración a la pandilla Ñeta había transformado a su hijo. Nery comenzó a participar en actividades delictivas de las que ahora se arrepiente, las calificaciones en su colegio empeoraron y el dinero que conseguía lo utilizaba principalmente para comprar armas.
Ahora, ocupa sus ingresos para adquirir perfumes, desodorantes, y lo que le alcance con lo poco que gana. En esa época obtenía bastante dinero, pero “eso no es garantía de felicidad... vivir con el temor de que alguien te mate, no es vivir”, reflexiona.
Sin embargo, el estudio es primordial para él. Se levanta a las 5h00 para hacer deberes y leer. Los miércoles pide permiso en su trabajo para aprender inglés en Pacific School, en el sur de la ciudad, donde tiene media beca por su situación económica, y destaca que su principal objetivo es graduarse del colegio para tener más opciones laborales.
Continúa rasgando las cuerdas de la guitarra café que le regaló su padre varios años atrás cuando le enseñó las notas musicales. Una canción cristiana salta a su mente y empieza a entonar letras dirigidas a Jesús, a quien le agradece el haberse alejado de la "mala vida".
Su hermano menor, Pierre, de 11 años, aparece en la sala cantando en voz baja. Conoce de memoria todas las líricas que Nery compone. Son cinco hermanos, y el cantautor es el mayor, el ejemplo a seguir, como destaca su madre. Luego de unos minutos abandona la guitarra sobre una silla de madera y empieza a comer. Son las 14h30. No tiene tiempo para descansar. Reemplaza el uniforme por una cómoda camiseta sin mangas y parte de su casa.
No hay muchas personas en los exteriores. Ingresa por un callejón y arriba a un parque conocido como La Mano Roja. En ese sitio se reunía con sus amigos Ñeta en el 2009, pero poco después de que se retiró de la pandilla, los líderes fueron asesinados y la presencia de mafiosos alejó a los pandilleros del sector.
Una neumonía que casi llevó a Nery a la muerte, los ruegos de su madre para que dejara esa vida y la lucha de su padre para que asistiera a la iglesia, fueron los principales motivos que le dieron la fuerza para abandonar las drogas, alcohol, robos y todo lo relacionado al bajo mundo.
Su pantalón de tela, los zapatos de suela, el cabello corto y peinado, contrastan con su semblante de hace un año. Grandes cadenas en el cuello, pantalones anchos, trencitas en la cabeza y una pistola bajo la camiseta formaban parte de su anterior apariencia. Jamás se hubiera imaginado predicando y cantándole a Dios. Pero así ocurrió.
Llega rápidamente a la avenida Domingo Comín, donde empieza el trabajo. Entra a una pequeña casa que funciona como negocio de limpieza de carros. Se despoja de la camiseta y con el torso desnudo agarra unos baldes para limpiar un skoda blanco que lo espera en la calle.
Cuando trabaja se transforma. Las risas y la espontaneidad que lo caracterizan son reemplazadas por un aspecto de concentración y seriedad. Gana alrededor de $0.50 por cada carro que lava, pero a él no le importa la cantidad. Su principal motivación es sentir que está saliendo adelante por sí mismo y convertirse en un verdadero ejemplo de superación para sus hermanos.
La tarde va cayendo y el joven retorna a su casa para merendar. No muestra cansancio. Su sonrisa reaparece en su rostro, llama a su enamorada, y cuando llega a su vivienda se apresura para comer. Una hora después se dirige de nuevo al mismo sitio donde lava carros, pero esta vez regulará el uso de las máquinas de juegos que también funcionan allí.
Con las luces de los postes acompañándolo durante el trayecto, vuelve a pasar por el parque, cruza la avenida, llega a esa pequeña casa y se dispone a vigilar a quienes juegan. Y así pasa el tiempo, entre un trabajo y otro; estudio, familia y su pasión, la música. Ahora sí, la jornada del adolescente está por concluir, pero en tan solo siete horas volverá a ejecutar aquella rutina que ha transformado su vida...
miércoles, 13 de octubre de 2010
Entre payasos y espejos
Los años pasaron desde mi infancia y tuve que aprender que en este mundo, o quizás solo en esta ciudad, no se puede ser una persona demasiado tolerante, porque el ser humano tiende a abusar de la paciencia y tranquilidad de otros. He aprendido que cuando alguien quiere humillarme de mí depende que lo consiga o no. He aprendido a callar cuando lo único que quiero es gritar. Sí, los años traen enseñanzas que nos impulsan a mejorar. Así dicen. Pero en realidad no me arriesgo a aseverar que ésa constituya una norma general.
Recuerdo cuando me caía de niña y lloraba, mientras varias manos se prestaban a levantarme. En el proceso de "crecer" he aprendido que caerse es sinónimo de risa y que las lágrimas de dolor deben ser reemplazadas por una apariencia inmutable que muestre serenidad, con el único objetivo de reflejar manejo y control de las emociones como si se tratara de entes robotizados incapaces de sentir (madurez?). Aprendí a levantarme con la cara al frente sin mostrar vergüenza y ningún gesto de sufrimiento para continuar mi recorrido, tratando de superar la vulnerabilidad del ser caído que es objeto de mofa.
Y aunque ya crecí y casi no voy a los circos comprendo ahora de una manera más vivencial la situación de los payasos que deben sonreír aunque por dentro quieran llorar. En este mundo, al parecer, triunfa aquel que esconde de manera más efectiva sus sentimientos para conseguir tener el control de su vida y, por qué no, de la de los demás. Todo esto ha involucrado mi proceso de crecimiento. Sin embargo, todavía persiste en mi mente la interrogante: Quién puede ser feliz?
Así es la dramática realidad de los espejos.
sábado, 9 de octubre de 2010
Los secretos de la luna
A la mañana siguiente, nada ha pasado. Amanece en su cama en un charco de sudor, pero todo sigue igual. Sin embargo, algo se ha perdido. El día transcurre con su monotonía característica y su mente se nubla ante el pasado reciente. Los recuerdos se han desvanecido como antiguas fotografías que perdieron su color.
Y así la luna aparece nuevamente. Impetuosa. Solitaria. Observándolo todo, sin poder hacer nada. El aire se torna frío, pero en esa cama de nuevo el fuego se enciende. Los estremecimientos reaparecen y un vaivén de mar salvaje se apodera del acolchonado sitio. Ha empezado un ciclo que se repite cuando el sol se oculta, quedando presente la feminidad de la luna.
Varios meses después, el colchón ha mutado su forma, la resistencia dejó de existir, el pasado ha perdido su nombre y aquella joven percibe cómo se ha pervertido su historia. Fue despojada de su cuerpo por un extraño al que tuvo que acoger como si fuera su padre. Y ahora es expulsada de su hogar por ser una pecadora y el responsable aparece triunfante.
Deambula por las calles con mirada perdida. Aprieta los labios al recordar las noches de aquel sucio vaivén que acabó con su vida. Fue temerosa y eso aniquiló su paz. El tiempo ha pasado y su existencia es solitaria, como aquella luna que solía ser impetuosa pero que el dolor convirtió en una pálida dama que ya no puede brindar calor... El frío y la melancolía anidaron para siempre en su corazón.
domingo, 19 de septiembre de 2010
El país de la impunidad
Ahora se encontraba ahí, hundido en un negro sillón, ignorando a su entorno porque en su mente libraba una dura batalla. Miles de recuerdos seguramente invadían su cabeza, mientras intentaba en vano entender que los rostros que alegraban su existencia ya no forman parte de este mundo. Sus tres vástagos fueron arrebatados de este purgatorio con una velocidad mortal y su esposa se encontraba en terapia intensiva, con la indecisión de vivir o acompañar a sus hijos en otro sitio.
No imagino la magnitud del dolor de aquel pequeño hombre que estaba a pocos instantes de aparecer en televisión. Un señor se acercó a ofrecerle una taza de café. Él la aceptó sin mencionar palabra. Yo no podría estar ahí sentada luego de perder a mi familia, pero él quiere contar su historia. Tiene sed de justicia.
Confieso
domingo, 29 de agosto de 2010
Para ti
domingo, 22 de agosto de 2010
La Honestidad…Pasada de moda?
En las sociedades actuales, desde muy jóvenes, nos damos cuenta de la corrupción, de la injusticia, del poder del dinero y del poco amor hacia las personas; del gran amor por las cosas materiales. Así es nuestro mundo, un mundo lleno de guerras, de violencia y de conflictos… ése es nuestro planeta, y es nuestro hogar que será el de nuestros hijos, nietos, y generaciones futuras.
lunes, 16 de agosto de 2010
La Perla del Pacífico desde el Santa Ana
martes, 20 de julio de 2010
Yo la maté
Lo he conseguido. No la veré más. Ha claudicado. Siento un gozo por dentro que me hincha el pecho de emoción. Sonrío con optimismo y esperanza, como si su muerte hubiera renovado mi vida. De la muerte resurge la vida, y así ocurrió en este caso.
Quizás crean que soy una psicópata, pero aquí el único ente del mal era ella. Yo no.
Luego de tanto preámbulo, seguramente querrán saber quién es la "víctima", que maté a sangre fría. Pues no hubo sangre ni sufrimiento, porque no era real. No era un ser de carne, hueso y flujos sanguíneos, aunque se alimentaba y crecía con mis miedos.
Sí, la aniquilé. No fue una lucha corporal, porque no era algo material. Era etéreo. Mas formaba parte de mí. Me había acompañado desde hace muchos años y no sabía cómo alejar su lastimera presencia.
Pero un día me armé de valor, su principal enemigo. Di el primer paso hacia un camino desconocido y aunque mis piernas temblaban de miedo, continué. Mi tembladera inicial sé que la regocijó y le dio fuerza, mas aun así pude avanzar para minimizarla con mi ímpetu.
Empecé a recorrer ese anónimo sendero dejando en cada paso los temores. Sentía que aquella ruta me iba a traer mayor gozo, pero ella insistía en hacerme dudar. Susurraba frases que me robaban el aliento, me rodeaba con un sudor frío que me estremecía, perturbaba mi mente con su presencia; mas decidí seguir adelante.
Cuando estaba cerca del final se aferró a mí con una desesperación que me inquietó y reforzó mis dudas sobre el recorrido.
Me lanzó al suelo, caí derrotada y no podía dar ni un paso sin sentir la angustia recorrerme con frialdad.
Me armé con pensamientos positivos, pero ella era fuerte y luchaba por desvanecerlos. Sabía que no sería fácil y forcejeé con ella.
Grité con todo mi ser, fue un grito liberador, grité al recordar todos mis momentos de duda, todos aquellos instantes en los que ella había triunfado y me había hecho fracasar.
Extendí mis brazos para emanciparme y me levanté con un brío que ella no esperaba. Era la primera vez que yo actuaba así. Estaba desconcertada.
Grité nuevamente y mi mirada reflejaba fulgor y esperanza. En ese preciso segundo, ella se redujo. Se debilitó, cayó en el suelo y comenzó a convulsionar. El susto quiso invadirme nuevamente, pero no lo dejé.
Me paré frente a ella y sonreí satisfecha. Ella cada vez se reducía más y más.
Decidí darle la espalda y finalizar mi recorrido. A medida que me alejaba escuchaba sus gemidos desesperados y más me fortalecía. Cuando llegué al final del camino pude divisar una recompensa que no esperaba. Era grande. Y era mía.
Sí, yo la maté. Yo maté a la Cobardía. La dejé en el sendero y solo así pude llegar a la meta. Sé que a veces quiere resucitar, pero mi Valentía se lo impide. Está muerta. Sí. Yo acabé con su execrable presencia.
viernes, 16 de julio de 2010
Una pequeña parte
martes, 15 de junio de 2010
Mutaciones
Transformación de gustos literarios, musicales, cinematográficos, entre otros. Rechazan todo aquello que antes solían amar. Y el panorama se oscurece. Llegan inclusive a criticar a quienes poseen sus anteriores aficiones.
Conocí a estas personas y vi sus mutaciones.
Rechazo sus transformaciones, porque no hay nada más importante que la autenticidad. Se puede ser original cuando se adquiere una personalidad "intelectual" estereotipada? No lo considero.
Pero ahí están, quemando los libros de Paulo Coelho que solían leer... Reemplazando canciones de Belanova por Cerati, transitando de Derecha a Izquierda, de capitalistas a socialistas. Y así la lista de cambios continúa.
No critico a quienes poseen estas tendencias de manera genuina. Pero no tolero a quienes mutan y las adquieren con el único objetivo de "encajar", de mostrar "intelecto".
Mas así es el mundo. Repleto de personas que evolucionan e involucionan día tras día. Repleto de entes acartonados que rigen sus vidas con estereotipos marcados por el entorno en el que se desarrollan.
Sus vidas transcurren entre necesidades creadas y falsos estilos de vida que pretenden adoptar como propios.
Borrar el pasado es imposible. Mas no lo notan. Su IQ superior les impide percibirlo... Triste realidad.
domingo, 25 de abril de 2010
Temporalidad
Pero, a pesar de conocer esta realidad, resulta difícil asimilar cuando alguien termina su línea y debe cruzar.
Así me ocurre ahora.
Yo te conocí durante siete años. No fuimos cercanas desde el principio, pero siempre vi mas allá que los demás. No me reía de tu sensibilidad o de tu manera de hablar. Jamás he sido así, y por eso tú viste en mí a alguien en quien confiar.
Yo no tenía más de quince años, tú probablemente más de cincuenta, pero la amistad no tiene edad. A pesar de ser una adolescente escuchaba tus problemas e intentaba darte ánimo cuando el mundo se mostraba en tu contra y tus ojos se convertían en cristales a punto de romperse.
Hace algunos años te enfermaste y te escribí una carta para desearte una pronta recuperación. Y así fue. Saliste adelante y regresaste con nuevas energías, con una sonrisa que en ciertas clases se solía opacar.
En ocasiones tus alumnos no te tomaban en serio, "normal", adolescentes que se creen dueños del mundo; y tú, un corazón sensible que no sabía tolerar las inmadureces propias de esa edad.
Recuerdo el día en el que ellos salieron del aula y yo regresé a hablar contigo. Tu mirada estallaba en rabia y las lágrimas rodaban por tus mejillas. Te abracé. Sí, probablemente mis compañeros habrán pensado que era una "lambona", pero tú y yo sabíamos que no era así. Quería reconfortarte y que te desahogaras conmigo. Eso hiciste.
Yo te agradecía por haberme estimulado a sentir cariño hacia una materia que antes no me gustaba. Eras mi maestra y mi amiga. Siempre lo serás. Y así pasaron los años.
Antes de graduarme quise mostrarte mi gratitud y te compré unas rosas para otra Rosa. Sonreíste y las recibiste con esa calidez que evidenciabas en los momentos de emoción. Te adjunté una carta y no la leíste frente a mí, pero la agradeciste con una mirada que no olvidaré.
El día de mi graduación, ese día en el que alcanzaba las metas de las que fuiste testigo, me regalaste dos libros. Los envolviste en una caja que habías hecho con tus propias manos, con esa creatividad que te caracterizaba...
Un libro sobre valores y un libro de matemáticas.
Curiosamente creo que esa fue la última vez que te vi. En las ocasiones que regresé al colegio no nos pudimos ver nuevamente. Yo quería comentarte sobre esta nueva etapa de mi vida: la universidad.
Supongo que ahora te la puedo contar porque estás allá y en todas partes.
Muchas veces me dijiste que no dejarías nada en este mundo el día en que partieras, y siempre te debatí afirmándote que no sería así, que contabas con el amor de muchos seres y en la mente de ellos vivirías para siempre.
Ahora que llegó ese día, seguramente puedes percibir el cariño inmenso que alberga mi corazón hacia ti. Nunca olvidaré a mi profesora, a aquella persona que con alegría despejaba mis dudas y que me deseó los mayores éxitos en mi vida.
Todo lo que consiga será también un poco tuyo. Cada persona que ha dejado una huella en mí, me ha permitido crecer y ser cada día mejor. Gracias por eso Rosita, gracias por haber cruzado nuestras líneas finitas para permitirnos sentir un cariño y respeto eterno. Eso dejas en este mundo mi estimada maestra. Un cariño que no se apaga, que no se marchita y un recuerdo que siempre mantendré vivo, que no dejaré nublar.
El fin de esta historia no es tu partida. La línea finita no acabó tu vida, solo la cambió de plano. Algún día nos encontraremos. Sí, algún día volveremos a reír, a abrazarnos, a contarnos anécdotas... en fin.
Con una profunda tristeza porque sé que partiste, te digo GRACIAS, gracias por haber sido mi maestra, gracias por tus palabras, por tu confianza, por tu amistad...
Nos veremos nuevamente. La temporalidad es propia de la tierra, de este purgatorio... Allá donde estás, el tiempo es solo una quimera. La línea es infinita y el reencuentro, eterno.
Vuela alto dulce Rosita, vuela lejos, vuela llevando tus conocimientos a otros lares y compartiendo tu amor a otros seres... Buen viaje, querida maestra! Hasta pronto!
viernes, 26 de marzo de 2010
Te invito
jueves, 11 de marzo de 2010
Río citadino
miércoles, 10 de marzo de 2010
Las calles

lunes, 8 de marzo de 2010
Historias anónimas

¡Sucia!
Pies desnudos en el pedregoso pavimento. Una pequeña camiseta vieja. Un pantalón roto. Las manos sucias. La cara sucia. La vida sucia.
¡Sucia!, le gritó su madre cuando vio a su padrastro encima de ella. ¡Sucia!, le decía el padrastro mientras la poseía. ¡Sucia! Se sentía en su cuarto en los lapsos de soledad. ¡Sucia! Su vida era una suciedad, un despojo de la humanidad…
Sus grandes ojos con los que solía observarlo todo con ingenuidad desde niña se transformaron en dos destellos de lava que aniquilan a quien observan. Alguna vez creyó en el amor, en los hombres, en las mujeres, en la vida… Pero todo le fue arrebatado a punta de mordiscones en su pecho, de ropa arrancada a la fuerza, de una vida destruida en un orgasmo ajeno, y así, todo lo que alguna vez soñó se convirtió en el orgasmo de alguien más.
Desde que nació su madre siempre reclamaba su existencia. ¡Si no fuera por ti, estaría mucho mejor!
Sentía que era un malestar en la vida de su madre y un orgasmo en la vida de su padrastro. Y para ella… era sucia. Sucia porque su madre la tiró a la calle como un despojo que ya se usó y no sirve más, sucia porque su padrastro violentaba su pureza y sucia porque en esta sociedad todo aquello que no cumple un rol es un desperdicio, una suciedad más.
Sin dinero. Sin futuro. Sin un rumbo. Sin edad. Sin nombre. No era nadie. Era solamente un ser que deambulaba descalzo por las calles, que no tenía a quien recurrir, que no tenía nada que hacer…
Una mujer la encontró y divisó en su cuerpo una mina de oro. Le ofreció protección.
Por comida, por vivienda continuó en la suciedad. Su fuente de trabajo ahora se encontraba en medio de sus piernas. Ya no era solo el orgasmo de su padrastro; ahora, el de muchos más.
No hablaba con nadie porque no lo necesitaba. Su corazón era una piedra que constantemente era arrojada a un acantilado. Ya no sentía dolor.
La mujer le calculaba unos 15 años de edad. Nunca lo supo con exactitud porque ella casi nunca habló. Sin nombre. Sin edad. Sin un rumbo.
Pero llegó el día en el que se cansó de las decepciones del mundo y divisó en un puente su única salida.
Se acercó, colocó sus manos sobre la baranda y se paró encima del borde.
Se deslizó. Mientras caía, por primera vez volvió a sentir algo… Libertad. Y tenía un rumbo, la muerte.
Cayó barranco abajo ensuciándose con las piedras a su paso. Barro y sangre se mezclaban en su camino. ¡SUCIA! Murió. Como toda su existencia, su muerte también fue sucia, fiel reflejo de la sociedad en la que habitó.
Él es así
Su prepotencia y arrogancia lo han convertido en un ser que no se puede soportar, una persona imposible de observar sin sentir algún sentimiento negativo. Al menos así ocurre conmigo. Una sonrisa en su rostro pretende darle otro matiz a los comentarios ácidos que emite. Quiere demostrar ser mejor que todos, pero es precisamente ahí que evidencia su inferioridad.
Nos encontramos frente a un hombre lleno de complejos que busca esconder a través del ataque y minimización de las otras personas. Frente a los demás es un individuo majestuoso… En su soledad lo imagino atemorizado y rodeado de fantasmas que lo convulsionan sin piedad.
De todas formas, a la luz del día, retoma aquella posición de ataque y crítica a los otros para evitar tener que defenderse con argumentos y bases sólidas que desmientan los hechos de los que se le acusa.
Es un imitador. Le quedaría mejor el papel de mimo que aquel importante cargo que ostenta.
Si los personajes a los que admira caen, él seguramente caerá junto a ellos como un parásito que depende de otros para poder subsistir. Una forma de simbiosis que lo aniquilará.
Pero hoy está ahí. Fuerte, arrogante y soberbio… Atacando a los que no se encuentran en igualdad de condiciones para defenderse, pisoteando a las mujeres, sonriendo mientras coarta las principales libertades de los seres humanos, regocijándose del silencio de una nación que se mantiene impávida ante su inminente destrucción como quien observa un objeto que caerá sobre su cabeza y no hace nada para evitarlo.
Nuestro sino está marcado por nuestras indecisiones, por nuestra “tolerancia”, por un ser despreciable que pretende convertirse en una guía, por la ignorancia de los que pueden actuar, por la estupidez de la gente que aún mantiene aquella maldita venda en sus ojos… Es hora de despertar. ¡Vuelve a tu realidad! Abre los ojos y descubre que alrededor tuyo habrá destrucción y miseria si no actúas ya. Levántate y demuéstrale que la grandeza no es física, sino mental. Su tiempo vendrá, estoy segura. Caerá como una torre de naipes, se desplomará y su poder perderá. Espero que cuando eso ocurra todavía tengamos soluciones para todos los problemas que nos trajo. Esperemos amigos, esperemos. Si no queremos actuar, solo nos toca esperar…
En el 2009
Las sombras de los recuerdos me solían atormentar como fantasmas que penan en busca de descanso. En mis momentos de soledad siempre aparecía el suspiro que formaba un conjunto perfecto con la mirada extraviada en un mar de pensamientos. Los ojos vidriosos y la incertidumbre eran una constante. Mas el tiempo transcurrió. Las manecillas del reloj continuaron girando y así como su recorrido me alejaba cada vez más de lo que pudo ser, también me aproximaba a un destino más tranquilo y reconfortante.
La tristeza que había querido anidar en el rincón más oscuro y solitario de mi alma, tuvo que buscar otro lugar en el cual habitar, muy lejos de mí. El temor por recordar y la necesidad de buscar culpables desaparecieron por completo.
Camino un sendero iluminado por el amor de mis seres más queridos, y rodeado por frondosos árboles de sentimientos y experiencias que me protegen de los peligros que puedan aparecer.
Finalmente la oscuridad que me quiso invadir fue exterminada por una luz radiante que me recordó todo lo maravilloso que tengo. Observar el sol todos los días no produce la misma sensación que cuando se lo observa luego de una tormenta. El cielo despejado, las nubes blanquísimas, el celeste perfecto que las cobija, un escenario maravilloso que reina actualmente en mi vida. Y lo valoro más. Mucho más.
Vendaval
La fuerza de la gravedad y la furia del vendaval arrastran sin piedad las escasas hojas que se resisten a ser arrancadas de la vida. Caen una tras otra al suelo y el chasquido se asemeja a una película de terror, en la que la única presencia es la de las hojas sacudidas por el viento. Un silbido agudo acompaña la escena. El cielo se torna cada vez más gris y la temperatura disminuye a una velocidad abrupta. Ahí está ella. En medio de aquel tétrico escenario, con el corazón en la garganta, con los sentidos en alerta y con las pupilas dilatadas en señal de pánico.
Corre sin saber a dónde. Avanza entre los desnudos árboles, sintiendo que aquel silbido la persigue, la acosa, la acecha, la domina… De repente miles de sonidos más casi desquician su mente. Insectos, árboles, pisadas y chasquidos aumentan su nivel de alerta.
Corre porque siente que debe hacerlo. No tiene un rumbo. En aquel oscuro sendero no hay final, no hay salida, no hay escapatoria. Cae al suelo dejándose vencer, se coloca en posición fetal resignándose a su destino, esperando volver de esa forma a nacer, una manera de cerrar el círculo de la misma manera… pero ahora al revés. Esta vez no nacerá.
Una hoz aparece flotando sobre ella y de repente cae a su lado. Una voz retunda en el espacio. “Nunca dejes de luchar. En el momento que te rindes, pierdes. Levántate y sigue adelante que las tormentas en la vida no duran para siempre. Has recibido una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Despierta. Despierta. Despierta”.
Una luz cegadora le impide seguir observando. Un temblor súbito invade su cuerpo. Cada vez tiembla con más intensidad, más y más. Siente que empieza a caer, a ser arrastrada como aquellas hojas. Recuerda la voz. Así como las hojas debe luchar por no ser arrancada.
El recuerdo de su vida pasa por su mente. Momentos felices, tristes, una miscelánea de episodios que creyó olvidados.
La caída se detiene. No hay más sonido. Silencio. Oscuridad. Silencio. Silencio.
Una mano agarra la suya. No siente miedo. Abre los ojos, aunque creyó haberlos tenido abiertos antes. Sus padres están junto a ella, su novio también. Todos sonríen y las lágrimas se deslizan por sus rostros.
No comprende al principio, después sí. Observa sus brazos hasta que puede notar aquellas vendas alrededor de sus muñecas. Una segunda oportunidad. Sonríe y llora con aquella intensidad de haber vuelto a nacer.
Desde entonces jamás olvidó que nunca hay problema sin solución, que no hay tormenta que dure para siempre, que no hay dolor inaguantable y que no hay nada más grande que el amor de Dios.



